Juanito con el torso desnudo posando junto a los fisicoculturistas... Déjenme seguir buscando.
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BUENOS AIRES - Un sacerdote católico argentino de 38 años dejó los hábitos después de anunciar a sus feligreses que se había enamorado y quería formar una familia y tener hijos, en la provincia de Córdoba (centro), donde oficiaba misa en tres parroquias, dijo el lunes una fuente comunal.
Víctor Hugo Casas había confesado a los fieles, entre lágrimas, que su historia de amor "viene de hace mucho", pero que necesitó tomarse un tiempo para madurar la decisión de abandonar los votos eclesiásticos.
Casas, quién no reveló el nombre de su novia, oficiaba misa en parroquias de las localidades cordobesas de Colonia Prosperidad, Saturnino María Laspiur y Las Varas.
Después de transmitir su decisión, el sacerdote brindó su última misa a petición de la comunidad, tras lo cual se quitó los hábitos, los besó y los colocó sobre el altar, según la fuente.
"No niego que hay personas que puedan vivir su celibato, pero también creo que la Iglesia en esto tiene que crecer para que los sacerdotes puedan optar. La Iglesia necesita una apertura", afirmó Casas sobre su decisión durante una entrevista con la radio Cadena 3. "Hay cuestiones del corazón que no las podés parar", se justificó el religioso.
Yo soy Jacinta
Y ella es una mujer indígena, otomí, de 42 años. Acaba de ser sentenciada a 21 años de cárcel. Aunque usted no lo crea, por el secuestro de seis agentes armados de la AFI. Sí, leyó usted bien. Fue acusada con otras dos mujeres. Un juez la halló culpable porque, para él, la prueba presentada por la PGR fue contundente: una fotografía de un diario local donde aparece Jacinta asomándose al borlote de lo que pasó en su pueblo hace tres años ya.
El 26 de marzo de 2006 seis AFI llegaron amenazantes y sin uniforme a Santiago Mexquititlán, en Querétaro. Ahí, en el tianguis, Jacinta y sus compañeras vendían aguas frescas. Llegaron los agentes y comenzaron con destrozos, despojos y exigencias de tributo con lujo de violencia quesque por hallar mercancía pirata. Fuenteovejunescamente, los pobladores cercaron a los intrusos para exigirles identificación y la orden que justificara su proceder. Éstos se negaron, pero también se rajaron. La tensión crecía y comenzaron los gritos de protesta y justicia de la gente por tanto abuso. A llamado de los intrusos se apersonaron un agente del MP y el jefe regional de la AFI. Prometieron reparar los daños con mercancía decomisada —más bien robada— de otros tianguis, de otros pueblos. Ante la negativa popular se comprometieron a compensarlos con dinero. Se fueron y dejaron “en garantía” a un agente que no fue molestado. Regresaron a las siete y pagaron lo pactado.
Pero se la guardaron al pueblo. Y se desquitaron con Jacinta, a la que el 3 de agosto llevaron con engaños a la ciudad de Querétaro. Ahí la acusaron falsamente; ahí la juzgaron de inmediato en español, cuando sólo hablaba otomí; ahí presumieron su culpabilidad antes que su inocencia; ahí la tienen presa; ahí la sentenciaron a 21 años de prisión; ahí le destrozaron la vida y a su familia.
En México, uno de los países en donde las corridas de toros se elevan al rango de “arte taurino”, en cabal y feliz ignorancia de lo que significan los preparativos de las corridas y la falsa “igualdad de oportunidades” para el toro y el torero, se ha visto recientemente el aplauso dedicado a un niño que a los 11 años ya incursiona en esa matanza “artística”. Se ha protestado, y con toda justicia, contra el trato de los animales en los circos, y los dueños han emitido declaraciones en las que la hipocresía anda en el trapecio. Esto para no hablar de las condiciones de los rastros ni del trato infligido por los encargados de los antirrábicos a los animales callejeros. Se alaba e incluso se califica de “conveniente” la crueldad; no importa, está bien porque se aplica a seres irracionales, y en época de crisis a quién le importa lo que le suceda a todo aquello que pertenece al rumor de lo “inhumano”.
Por eso, no obstante las movilizaciones de los defensores de los derechos de los animales, lo casi seguro es la inexistencia noticiosa de este acto aberrante en Jaltenco, con todo y el desvarío explicativo del alcalde perredista. Pero cada vez se aclara más un hecho: la crueldad contra seres vivos es parte del proceso educativo en la deshumanización.